Lanzado originalmente en el 2002, la canción Chihuahua de Dj BoBo (un tal Peter René), fue un exito bastante conocido en gran parte gracias a un anuncio de refresco que, por no hacer publicidad, no diré que era de Coca-Cola.

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Hoy, buscando canciones antiguas de Eurovisión, me topo con la que envió el sujeto allá por principios del 2007 y que no logró pasar de la primera semifinal; siendo éste un gran batacazo, teniendo en cuenta que partía como una de las favoritas y quedó la 20 de 20. La canción, “Vampires are alive”, no estaba del todo mal. En su momento pensé que era una lástima la estética Underworld, esa película que siempre será recordada por Kate Beckinsale pidiéndole a su entonces pareja (el director de la cosa) que le pusiese tetas y culo en el cartel; pero después han venido Crepúsculo y Luna Nueva (prometo que algún día veré Eclipse, pero aún no tengo fuerzas; además quien me conoce sabe que soy más de NetBeans) y me hacen desdecirme. Aunque creo, eso sí, que aquí empezó el declive de los vampiros que los llevaría sin remedio a convertirse en hadas.

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Eso sí, el final del episodio 3×09 de True Bloodes para quitarse el sombrero ante Alexander Woo y Denis O’Hare.

P.D. No mento Vampire Diaries porque, francamente, no aguanté ni 20 minutos de sus más que pésimos efectos especiales.

 

Nota: el parecido del nombre Virriafone, ya sea por la terminación o por la falta de ortografía, con el nombre de alguna compañia telefónica es simplemente una coincidencia.

Reempiezo este blog con una pequeña gran queja. Si no queréis leerla, se puede resumir con este vídeo.

Acto I: Mi línea.

Todo empezó un bonito 3 de junio. Nos cambiábamos a otra compañía teléfonica (ya lo hicimos una vez, hace muchos años, y no fue nada complicado) con una llamada de rigor. Lo  que no podía imaginar por entonces es que eso de que “Es tu momento, es Virriafone” se refería a que, efectivamente, durante las próximas semanas se iban a convertir en casi un contínuo llamar a Virriafone, gastando mis momentos en dicha compañía. Nos informaron de que sólo podíamos portar por teléfono dos líneas por día, así que decidimos portar primero la de mi hermano y la mía, dejando como teléfono de contacto  el de mi padre. Tanto mi hermano y yo nos cogimos el mismo móvil, un Nexus One, que lleva una tarifa plana de datos obligatoria (ninguna queja al respecto, sólo que es un detalle importante para más adelante). Bien, empiezan los problemas. Parece ser que el operador que hizo la portabilidad se perdió el episodio en el que se enseñaba la diferencia entre “línea a portar” y “teléfono de contacto”, decidiendo que realmente quien quería el Nexus One era mi padre, aunque de esto nos enteramos un par de días más tarde, no adelantemos demasiados acontecimientos.

El pedido tardaría de siete a diez días hábiles, contando únicamente las fiestas nacionales. El paquete debería llegar, como muy tarde, el día 17 de junio, día en el que se programó la realización de la portabilidad.

Día 16, llaman al telefonillo. Un paquete para mí. ¡Oh, Dios! ¡Ya está aquí el móvil! Exactamente lo que estaba ahí era el paquete de bienvenida del GSoC, enviado desde EE.UU. el lunes  14, es decir, dos días antes. Llamo a la maravillosa tienda de Virriafone preguntando cuándo iba a recibir el terminal y la tarjeta, que al día siguiente se realizaba la portabilidad y me iba a quedar sin móvil. La respuesta es clara y concisa: su terminal ni siquiera se ha enviado. Me quedo tal que así:

EstuporNota: esta imagen es sólo un toque humorístico para una historia muy, pero que muy triste.

Que no me preocupase, que lo ponían como urgente, pero que me olvidase de tenerlo para el 17 (como diría una amiga, ole que ole). ¿Y la tarjeta? Me informaron de que podría acercarme a cualquier tienda Virriafone y se me haría un duplicado en el acto sin coste alguno. Algo es algo… de haber habido ese algo. Efectivamente, me hicieron un duplicado, que no se me activaría hasta el día 21 de junio, 4 días después. Estos de Virriafone sí que saben tratar bien a los nuevos clientes, ríete tú del café gratis en el aeropuerto de Münich (gracias, Lufthansa, por deprimirme al ver que el café que dabáis gratis era mejor que el de mi facultad). El viernes 18, ¡oh, milagro!, me llega el paquete, con su tarjeta y todo. Para no variar, la tarjeta no funcionaba. Eso de no funcionar a la primera es a Virriafone lo que Desmond Hume es a Daniel Faraday, una constante. Tras hablar con el servicio de información telefónica, me dirijo a la tienda de Arcipreste de Hita. Curiosamente, esta tienda no me pudo ayudar debido a que es franquicia, aunque el dependiente ha sido, con diferencia, el mejor de todos los que me han atendido hasta la fecha de escribir el artículo, cinco días después. El dependiente, lo dicho, un tío majísimo; me dice que en Marqués de Urquijo, al no ser franquicia, me podrán atender sin problema.

Efectivamente, me atendieron sin problema, me dijeron muy amablemente que ninguna de las dos tarjetas dadas estaban activadas, y que no podían activar otra por no-se-qué del sistema. Ahí rellené mi primera hoja de reclamación a Virriafone poco más de 24 horas de ser cliente (no activo, pues no podía usar mi móvil) suyo. Me dieron otra tarjeta (y van tres, lo cual no está mal, pues podré cambiar con mis compis cuando salga al recreo cual cromo de los Power Ranger) pero que no se activaría hasta el 21. Me cagüen tó, ¡si cuando me robaron el móvil hace 6 años Amena me hizo un duplicado y se activó en el acto!

Power Ranger

Me dijeron que, de todas formas, llamase por la tarde, que tal vez me lo hubiesen conseguido solucionar, pero que me fuese haciendo a la idea de que me pasaría un magnífico fin de semana sin móvil, cortesía de Virriafone. Por la tarde, llamo al servicio telefónico, últimamente he hablado más con ellos que con el resto del mundo junto, y me indican que puedo pasarme por una tienda Virriafone para que me hagan un duplicado que se me activaría en el acto. Para que entendáis lo que supone ir a la tienda más cercana, imagináos un bonito viernes de junio, Madrid, con la velocidad del aire nula, 40 minutos de ida, 40 de vuelta y entre medias te dicen que la tarjeta activada es una de las que ya tenías. Pero que sepáis que esto Virriafone lo hace por sus clientes, que ahora estoy más moreno, moreno estilo agromán, pero moreno al fin y al cabo.

Me marcho finalmente de la tienda pensando que ya la historia ha acabado con final feliz. Iluso. Incluso cuando los días de diario no haces nada, también descansas los fines de semana, así que el lunes vuelta a llamar a Virriafone (N. del A. en este caso más que que el roce haga el cariño, esto es síndrome de Estocolmo). Resulta que el sistema de control de consumo es incapaz de detectar que tienes tarifa plana de datos y a mi padre casi le da un ataque al corazón cuando le dicen que mi hermano lleva gastados, en dos días, algo más de treinta euros. Debe de ser muy complicado eso de que la página web compruebe si tienes tarifa de datos y eliminar ese gasto pero tampoco me quejo,  puesto que han sido incapaces de hacer bien la portabilidad no vamos a pedir peras a un peral que se lía con la fotosíntesis. Por simple comprobación, pedimos que verifiquen que mi línea tiene activada la tarifa de datos. Obviamente, la respuesta es no. ¿Lo cualo? Que no, que en 24 horas podría disponer de ello. ¿Y los días anteriores me los iban a cobrar? Que pusiese una incidencia para que no se cobrase. ¿Y esta llamada qué es? Que, hombre, la incidencia había de ponerse después de enviar la factura. ¿Y no lo podéis hacer directamente bien? (He de reconocer que, visto desde cierta perspectiva, no sé cómo pude decir eso sin descojonarme de la risa). No, parece ser que necesitan una factura para poder rectificar. ¿Y voy a tener que seguir llamando para comprobar que hacéis lo que decís que hacéis? Aquí me pidió que me expresase de la forma apropiada. Obviamente, le expliqué la situación (más de mil palabras en este artículo a la hora de escribir esta frase) y le pregunté que cuál es la forma apropiada de expresar esa idea. La respuesta: puede usted poner una queja en la página web. Sólo dos cosas al respecto:

  1. Así lo hizo mi padre.
  2. Eso no responde a mi pregunta, pero sigo sin quejarme, lo dicho sobre el peral que se lía con la fotosíntesis.

Una hora antes de escribir estas líneas, llamo para comprobar que, efectivamente, han activado la tarifa de datos con la esperanza de que así fuera. Ingenuo de mí, ahora no sólo son incapaces de activar la tarifa de datos sino que tampoco pueden decirme si está o no activa.

Y aquí termina el primer acto, con un cliffhanger del copón.

Acto II: de cómo diferenciar el teléfono que se ha de portar y el teléfono de contacto no es tan fácil como parece.

Esto va del estilo de Canción de Hielo y Fuego, cada acto, un personaje. En este caso, el protagonista es mi padre, el titular de las cuatro líneas y el que está más hasta las narices de la nueva compañía telefónica, a fecha de hoy, queriéndose marchar cuanto antes.

¿Os acordáis del día 3 de junio cuando se realizó la famosa llamada? Ahora leed el título del acto y sumad dos más dos. Efectivamente, en vez de portar a mi hermano portaron a mi padre. Con dos… narices. Llamamos  para que subsanen el error. Os podéis imaginar, con la que montan para activar una tarifa de datos que deberían haber activado ellos solitos, la que montan para subsanar el error. Finalmente, cambiaron el móvil que iban a enviar(que, a día 23, 14 días hábiles después de realizar el pedido, aún no ha llegado).

Acto III: sobre reclamaciones en la web.

En la llamada de hoy, también he preguntado por el tiempo de respuesta de una reclamación puesta en la web. La respuesta: de 7 a 10 días hábiles. Esperemos que sea el primer plazo que cumplen.

Acto IV: de cómo Virriafone hace bien las cosas.

Disculpad, en esta parte no tengo nada que poner.