Hace ya tiempo, los MythBuster se encargaron de comprobar que, por mucho que los estudios de Hollywood se empecinen en mostrar, un disparo no puede hacer a alguien tambalearse hacia atrás. Hicieron la prueba con un cerdo colgado, porque es más espectacular que utilizar la tercera ley de Newton (la de acción-reacción).

¿A qué viene esto? Pues a estas horas estoy terminando de ver The Phantom, un poco truño, pero pasar el rato no está mal. En esta miniserie llegan un paso más lejos: los disparos no hacen a alguien tambalearse hacia atrás, les hacen salir volando de tal manera que los saltos de The Matrix se quedan en simples aprendices de parkour. Para que os hagáis una idea, al disparar a un malo (de estos secundarios sin importancia, de esos cuyo nombre sale después del del chico del café en los créditos), éste ha salido disparado y se ha quedado incrustado en la pared. Por supuesto, el malo no ha muerto porque llevaba una bonita capa de kevlar debajo del disfraz de electricista o similar (que nunca falte en el maletín de la señorita Pepis, versión Hitman) una capa de Kevlar de buena calidad, no de eso que te venden en el Lidl (ese gran supermercado que hizo que la venta de plátanos se multiplicase por diez por una pequeña equivocación de contenido).

Resumiendo, que sepáis que se ha abierto la veda para que los disparos sean más y más espectaculares (el avezado lector entenderá esto como irreales, fantasiosos). Por supuesto, si tengo tiempo y me apetece, escribiré una crítica de la miniserie, pero eso requiere un esfuerzo y un tiempo que, sinceramente, no sé si merece.

 

Pensé que preferías hablar C-menos.

Owen Harper

Es C++. También sé que Java es algo además de un café y que Ensamblador no tiene nada que ver con los muebles de IKEA.

Toshiko Sato

Estoy leyéndome la primera novela de Torchwood, Another Life, y, a pesar de lo raro que se puede hacer leer algo ambientado en la primera temporada después de haber visto las tres, he de reconocer que me está gustando. Os seguiré informando de la novela, pero la joya de arriba tenía que compartirla.